Familia sin nombre
Familia sin nombre En estas circunstancias el fogoso predicador llegó al pueblo de los Mahogannis, y el Sr. Nick se vio obligado a hacerle buena acogida, no pudiendo resistirse al entusiasmo que produjo entre sus guerreros la presencia de aquel patriota.
—¡Vaya! —se decÃa sacudiendo la cabeza—, ¡es imposible que nadie escape a su destino! ¡Si yo sé cómo empezó la raza de los Sagamores, difÃcil me serÃa en verdad decir cómo ha de acabar…! ¡Es muy posible que ponga fin a su historia el consejo de guerra anglo-canadiense!
En cuanto el abate Joann llegó a Walhatta, Lionel se mostró como uno de sus más calurosos partidarios, pues no sólo sentÃa todo el ardor de su propio patriotismo, sino que llamó poderosamente su atención el parecido que existÃa entre el abate y Juan Sin Nombre: eran los mismos ojos, la misma mirada encendida, casi la misma voz y los mismos gestos. El joven pasante creÃa ver a su héroe con traje talar y se le figuraba que le oÃa… ¿SerÃa una ilusión de sus sentidos?
No podÃa decirlo.
Apenas hacÃa dos dÃas que Joann se hallaba entre los Mahogannis, cuando éstos pedÃan unirse a los patriotas que habÃan concentrado sus fuerzas en la isla Navy, una de las islas del Niágara, a unas cuarenta leguas al Sudoeste. El Sr. Nick se veÃa condenado, pues, a seguir a los guerreros de su tribu.