Familia sin nombre
Familia sin nombre Joann se levantó después de un instante de oración y miró por última vez a aquel ser, a quien el crimen de su padre habÃa hecho tan desgraciado.
Después murmuró estas palabras:
—¡Dios mÃo, préstame tu ayuda!
El tiempo apremiaba demasiado para que pudiera perder aunque no fuesen más que algunos minutos; asà es que apoyó una mano en el hombro de Juan, quien se despertó, exclamando:
—¡Joann, tú aquÃ!
—¡Más bajo… hermano…! Habla más bajo, —respondió el sacerdote—. Pueden oÃrnos…
Y le hizo señas de que la prisión estaba guardada exteriormente.
Los pasos del sargento se oÃan, en efecto, tan pronto cerca como lejos de la puerta.
El preso, medio vestido debajo de una manta muy mala que apenas le resguardaba del frÃo que se sentÃa en la prisión, se levantó sin ruido.
Ambos hermanos quedaron bastante tiempo abrazados.
Después Juan preguntó:
—¿Nuestra madre?
—¡Ya no está en Casa Cerrada!
—¿No está all�
—No.
—¿Y el señor de Vaudreuil y su hija, que habÃan encontrado un asilo en nuestra casa…?