Familia sin nombre
Familia sin nombre Las palabras de Joann conmovÃan profundamente al prisionero, pero no le decidÃan.
El sacerdote repuso:
—¡Escúchame aún! ¿Temes por mi vida, Juan? ¿Por qué?
Para mà no es peligroso el quedarme en tu lugar. Cuando me encuentren mañana en esta prisión, ¿qué puede sucederme…?
¡Nada! Aquà no hallarán más que a un pobre sacerdote, en vez de un reo de muerte; ¿y qué quieres que hagan conmigo sino dejarme?
—¡No…! ¡No…! —respondió Juan, que batallaba consigo mismo y se sentÃa influido por el lenguaje excitante de su hermano.
—Ya hemos discutido demasiado, —repuso Joann—. ¡Es preciso que partas, y partirás! ¡Cumple con tu deber, como yo cumplo con el mÃo! Sólo tú eres el hombre bastante popular en el Canadá para provocar una sublevación.
—¿Y si te hacen responsable de mi huida?
—No me condenarán sin oÃrme, —respondió Joann—, ni sin una orden de Gosford, y esto necesitará unos dÃas de tregua, en cuyo tiempo Dios sabe lo que sucederá.
—¿Lo crees as�