Familia sin nombre
Familia sin nombre —En este caso me retiro, —replicó Clary—, dirigiéndose hacia la puerta.
—No, hija mÃa, quédate. Lo que tengo que decir concierne a ambos.
Y con un gesto indicó a Vicente Hodge que se sentara cerca de él, y Clary tomó asiento a su lado.
—Amigo mÃo, —dijo el anciano—; me queda poco tiempo de vida; lo preveo porque mis fuerzas disminuyen de dÃa en dÃa.
Escuchadme, pues, con atención, como si estuvieseis a la cabecera de un moribundo, del que tuvieseis que recoger las últimas palabras.
—Mi querido Vaudreuil, —respondió vivamente Vicente Hodge—; exageráis…
—Y nos dais mucha pena, padre mÃo, —añadió su hija.
—Más me darÃais a mÃ, —repuso el anciano—, si rehusarais comprenderme.
Fijó un instante su mirada en ambos, y después, dirigiéndose al joven: