Familia sin nombre
Familia sin nombre —Amigo mÃo, —repuso—, hasta aquà no hemos hablado nunca sino de la causa a la que vos y yo hemos, consagrado nuestra existencia. Por mi parte nada era más natural, puesto que por mis venas, corre sangre francesa y he combatido por el triunfo del Canadá francés, pero vos, que no estáis ligado por vuestro origen a este desgraciado paÃs, no habéis titubeado, sin embargo, en pelear, colocándoos en primera fila entre los patriotas…
—Los americanos y los canadienses ¿no son acaso hermanos? —respondió Vicente Hodge—; y ¡quién sabe si el Canadá formará parte algún dÃa de la confederación de los Estados Unidos…!
—¡Ojalá, llegue ese dÃa! —respondió el señor de Vaudreuil.
—¡SÃ, padre mÃo, llegará, —exclamó Clary—; llegará, y lo veréis…!
—No; hija mÃa, no me será dado verlo. ¿Creéis, pues, que nuestra causa está perdida para siempre, porque ahora hemos sido vencidos? —preguntó Hodge.
—Una causa cuya base es la justicia y el derecho, acaba por triunfar tarde o temprano, —respondió el anciano—. El tiempo que a mà me falta no os faltará a vos, que sois joven para ver ese triunfo. ¡SÃ, Hodge, lo veréis y vengaréis al mismo tiempo a vuestro padre, muerto en el cadalso por la traición de un Morgaz!