Familia sin nombre
Familia sin nombre —Mi querido Vaudreuil, —respondió Vicente Hodge—; me ofrecéis la realización de la felicidad más grande que haya podido desear: la de unirme a vos por indisolubles lazos. SÃ, Clary: os amo hace mucho tiempo y con toda mi alma; pero antes de hablaros de mi amor, querÃa que triunfara nuestra causa. Las grandes circunstancias que atravesamos, y los últimos acontecimientos, han modificado en gran manera la situación de los patriotas, teniendo tal vez que esperar algunos años antes de empezar de nuevo la lucha. Pues bien, esos años, ¿queréis pasarlos en los Estados Unidos, que casi es vuestro paÃs? ¿Queréis concederme el derecho de velar sobre vos, y de dar a vuestro padre la alegrÃa de llamarme hijo…? Decid, Clary: ¿lo queréis asÃ?
La joven permaneció callada.
Vicente Hodge, bajando la cabeza ante este silencio, no se atrevió a repetir esta petición.
—No contestas, hija mÃa, —repuso el señor de Vaudreuil—; me has oÃdo… has escuchado también lo que ha dicho Hodge… De ti depende que pueda llamarme padre, y después de todos los sinsabores que he experimentado en mi vida, que tenga por lo menos, antes de morir, el supremo consuelo de verte unida a un patriota digno de ti, y que te ama.
Entonces Clary, con voz profundamente conmovida, dio esta contestación, que ninguna esperanza dejaba: