Familia sin nombre

Familia sin nombre

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Pero por más que Juan y Lionel se apresuraron para llegar al Niágara, tuvieron que dar muchos rodeos, que fueron la causa de largos retrasos en su marcha. Los peligros a que se vieron expuestos hasta hallarse en la frontera fueron tan grandes, que tuvieron necesidad de abstenerse de viajar de día; así es que no pudieron penetrar en Schlosser hasta el 16 de Diciembre por la noche, y desde allí, sin pérdida de tiempo, se dirigieron a la isla Navy.

¡Y qué cambio tan brusco operóse, al llegar, en los sentimientos de nuestro héroe! El goce de encontrarse entre los suyos, después de tanta persecución y tantas fatigas, se trocó por la indignación que le produjo el ver a su madre acometida por una turba desenfrenada y al observar que aquellos forajidos no eran otros que los nobles y sufridos patriotas.

Juan se lanzó a defender a su madre; pero era tal el horror que inspiraba el nombre de Simón Morgaz, que los gritos no cesaron, no obstante que los amotinados habían conocido a Juan Sin Nombre. ¡Sí! ¡Reconocieron a Juan Sin Nombre, al héroe popular a quien casi veneraban y a quien creían muerto bajo el plomo de los ingleses…! Pero la sorpresa se desvaneció, el respeto se convirtió en odio y la gratitud dejó de influir en aquellos seres, pues a las amenazas que lanzaban a Bridget se unieron otras no menos fuertes, dirigidas a su hijo.


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