Familia sin nombre
Familia sin nombre Juan, pálido de emoción, estuvo a punto de caer a los pies de la noble joven.
—¡Clary! —la contestó—. ¡Acabáis de darme la única alegrÃa que he sentido desde que arrastro mi existencia maldita! Mas ¡ay!, ya lo habéis presenciado; nada ha podido disminuir el horror que inspira nuestro nombre, y no quiero que recaiga sobre vos.
—¡No! —añadió Bridget— ¡Clary de Vaudreuil no puede ser la mujer de un Morgaz!
—Ven, madre mÃa, ven, —dijo Juan.
Y, cogiendo a Bridget en brazos, la sentó en la embarcación, que se alejó, mientras que la muchedumbre pronunciaba todavÃa a grandes voces el nombre del traidor.
Al dÃa siguiente, en una cabaña aislada, de los alrededores de Schlosser, en donde habÃa llevado a su madre, Juan, arrodillado a su lado escuchaba sus últimas palabras.
Nadie sabÃa que en aquella choza se hallaban la mujer y el hijo de Simón Morgaz, que no estarÃan mucho tiempo, pues Bridget se estaba muriendo. Dentro de algunas horas iba a acabar aquella existencia llena de todos los sufrimientos y de todos los sinsabores que puede experimentar una criatura humana.