Familia sin nombre
Familia sin nombre —Compañeros, —dijo—; tenemos que defender el último baluarte de nuestra independencia. Si Mac-Nab se apodera de él, la insurrección será vencida por completo, y ¡quién sabe cuándo habrá nuevos jefes y nuevos combatientes para empezar la lucha! Si rechazamos a los sitiadores, si conseguimos sostenernos, no tardarán en llegarnos refuerzos de todos los puntos del Canadá, pues con la noticia de nuestra valerosa resistencia los partidarios de la independencia canadiense recobrarán la esperanza y haremos de esta isla una fortaleza invulnerable, en la que la causa nacional encontrará siempre un apoyo. ¿Estáis decididos a defenderla?
—¡Hasta morir! —respondió con calor Vicente Hodge.
—¡Hasta morir! —repitieron sus compañeros.
En aquel momento, algunas balas hirieron el suelo a unos veinte pasos de los patriotas y rebotando a lo lejos, hicieron volar un torbellino de nieve.
Ni uno de los gorros azules se movió de su puesto; cada cual en el suyo esperaba en silencio las órdenes de su jefe.
El señor de Vaudreuil repuso: