Familia sin nombre
Familia sin nombre —Tiempo es ya de que nos traslademos a la orilla. La artillerÃa de Chippewa no tardará en enmudecer, pues los enemigos van a intentar forzar el paso. Dispersaos a lo largo del ribazo, al abrigo de las rocas, y esperad, para hacer fuego, a que las barcas estén a buen alcance; es preciso que los soldados de Mac-Nab no consigan desembarcar…
—¡No desembarcarán, —repuso William Clerc—; y si llegaran a hacerlo, los precipitarÃamos en el rÃo!
—¡A nuestros puestos, amigos mÃos! —exclamó Hodge.
—Voy con vosotros, —dijo el señor de Vaudreuil—; pues mientras no me falten las fuerzas…
—Quédate aquÃ, Vaudreuil, —dijo Andrés Farran—; quédate confiado, que a cada instante te daremos noticias.
—No, amigos mÃos, —respondió el anciano—; estaré allà adonde debo de estar… Venid…
—¡SÃ; acudid, patriotas…! ¡Las barcas han abandonado ya la orilla canadiense!
Al oÃr estas palabras, pronunciadas con gran energÃa, todos se volvieron.
Era Juan Sin Nombre.