Familia sin nombre

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Y, en efecto, ante tan numerosos enemigos, los insurrectos tuvieron que abandonar sus posiciones, si bien no las cedieron sin ocasionar bajas importantes, y sin tenerlas también muy sensibles, pues entre otros, Tomás Harcher, Pedro, y Miguel, heridos por las balas, fueron rematados por aquellos feroces voluntarios, que no daban cuartel. William Clerc y Andrés Farran, heridos también, fueron amparados, en el mismo instante por un oficial sin cuya intervención hubieran tenido la misma suerte que Tomás Harcher y sus hijos. Verdad es que el coronel Mac-Nab; había recomendado que, en cuanto fuera posible, no mataran a los jefes, pues, el gobierno tenía empeño en que se presentasen ante un consejo de guerra en Quebec o en Montreal, y a esta recomendación debieron Farran y Clerc el no ser degollados.

Los patriotas, después de batirse como desesperados, juntamente con los Mahogannis, en los cuales hay que admirar la sangre fría y ese desprecio de la muerte, propios de los indios de su raza, tuvieron que huir a través de los grupos de árboles que cubren la isla, defendiendo el terreno palmo a palmo y casi cercados por el enemigo. Fue un milagro que no mataran veinte veces a Lionel, y que el señor Nick, escapara también ileso, si bien muchos de sus súbditos, los hurones, hubieron de caer para no volver más a ver a sus wigwams de Walhatta.

El paso estaba forzado.


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