Familia sin nombre

Familia sin nombre

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De repente, Juan apareció sano y salvo, pero cubierto de sangre, sangre de los realistas después de buscar en vano la muerte, que él dio veinte veces.

Clary se lanzó hacia él.

—¿Mi padre? —preguntó.

—¡Ha muerto!

Juan le contestó de este modo, sin miramiento de ningún género, porque era preciso que la joven consintiera en salir de la isla.

El joven héroe la recibió inerte en sus brazos en el momento en que los patriotas volvían a la casa para oponerse a su fuga; pero Juan, saltando como un corzo a pesar de su carga, corrió hacia la Carolina, depositó en ella a la joven, y después, levantándose, dijo:

—¡Adiós, Clary!

Y puso un pie en la obra muerta, para saltar otra vez al ribazo.

En aquel instante se oyó una descarga, y Juan, herido de dos balazos, cayó sobre el puente hacia popa, en el momento en que la Carolina se alejaba a todo vapor.

Al reflejo de las descargas, el heroico defensor de la independencia del Canadá había sido conocido por los voluntarios que le perseguían a través de la isla y que gritaron, viéndole caer:

—¡Muerto, muerto! ¡Juan Sin Nombre ha muerto!

Estas voces hicieron volver en sí a Clary, que se levantó.


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