Familia sin nombre
Familia sin nombre —¡Muerto! —murmuró arrastrándose hacia él.
Algunos minutos más tarde, la Carolina estaba amarrada en el muelle de Schlosser y los fugitivos que se encontraban a bordo podÃan creerse en seguridad, bajo la protección de las autoridades federales.
Algunos desembarcaron en seguida; mas como la única posada del pueblo se llenó pronto, y era necesario recorrer tres millas para llegar a las fondas del Niágara-Falls, bajando por la orilla derecha, la mayor parte de aquellos desgraciados prefirieron quedarse en el barco hasta el dÃa siguiente.
Eran entonces las ocho de la noche.
Juan, tendido en el puente, respiraba todavÃa, y Clary, arrodillada a su lado, sostenÃa su cabeza y le hablaba. ¡Él no respondÃa…! ¡Tal vez no la oyera ya!
Clary miró a su alrededor. Pero ¿en dónde podÃa buscar algún socorro, dado aquel desorden y en un pueblo lleno de fugitivos y de heridos, y en el cual faltaban médicos y medicinas?
Entonces todos los recuerdos de su corta vida se presentaron a la mente de la joven. ¡Su padre muerto por la causa nacional…! ¡El que amaba, moribundo entre sus brazos, después de haber luchado hasta la última hora…! ¡Y ella se hallaba sola, sin familia, sin patria y desesperada!