Familia sin nombre

Familia sin nombre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Después de abrigar a Juan, para preservarle del frío, con una tela embreada que halló a su alcance, Clary, inclinada hacia él, escuchaba si su corazón latía o si un débil aliento se escapaba de sus labios…

A lo lejos, en la orilla opuesta, retumbaban todavía las postreras descargas, cuyo fulgor se veía a través de los árboles de la isla Navy.

El silencio se restableció por fin, y el valle del Niágara quedó tranquilo. Inconscientemente Clary murmuraba el nombre de su padre, y también el de Juan, pensando ¡oh suprema angustia!, que el joven patriota moría tal vez con la creencia de que sería perseguido más allá de la tumba por la maldición de los hombres; y por esto, la joven rezaba con toda su alma por los dos seres que le eran más queridos.

De repente Juan se estremeció; su corazón latió, más de prisa y Clary le llamó…

Juan no respondió.

Dos horas pasaron así, y el más completo reposo se notaba a bordo de la Carolina. Ningún ruido se oía ni en los camarotes ni en el puente. Clary, sola, velaba como una Hermana de la Caridad a la cabecera de un moribundo.

La noche era muy oscura y empezaba a formarse encima del río una espesa niebla, que impidió ver cuatro barcas que, costeando la punta de la isla Navy río arriba, maniobraban sin ruido, dirigiéndose hacia Schlosser.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker