Familia sin nombre
Familia sin nombre —No os enfadéis, Sr. Nick, —respondió Lionel con tono de pesadumbre—. ¡Si supierais qué bien se acomoda la poesÃa con nuestro melodioso idioma francés, que tanto se presta al ritmo, a las cadencias a la armonÃa…! Nuestros poetas Lemay Elzear Labelle, Francisco Mons, Chapemann, Octavio Cremazie…
El notario leyó la carta con extremada atención.
—Los Sres. Cremazie, Chapemann, Labelle, Lemay, no ocupan, que yo sepa, el importante puesto de segundo pasante, ni tienen, además de casa y mesa, un sueldo de seis piastras mensuales, pagadas por mÃ, —añadió el Sr. Nick—. Tampoco tienen que redactar contratos de venta ni testamentos, y, por consiguiente, pueden hacer versos a su antojo.
—Sr. Nick, una vez no es costumbre…
—Pues bien, sea… por una vez; ¿has querido ganar el premio de la Lira Amical?
—He tenido, es verdad, esa loca presunción, Sr. Nick.
—¿Y puedo saber el asunto de que trata tu poesÃa? Será sin duda alguna invocación ditirámbica a Tabellionoppe, la musa del perfecto notario.
—¡Oh! —exclamó el joven, protestando con un gesto.
—Vamos a ver; ¿cómo se llama esa máquina de asonantes y consonantes?