Familia sin nombre
Familia sin nombre —Y vos sois el Sr. Rip, —respondió el notario, que añadió por lo bajo—: ¡Demonio, desconfiemos!
Felizmente para él, ni el Sr. Nick, ni su pasante, ni tampoco el jefe de la Agencia, notaron la súbita transformación que sufrió la fisonomÃa del desconocido cuando oyó pronunciar el nombre de Rip. Su cara palideció, no con la palidez del espanto, sino por el horror; visiblemente tuvo el pensamiento de echarse sobre el agente…; pero habiendo vuelto la cabeza, llegó a dominarse.
—¿Os dirigÃs a Laval, señor notario? —repuso Rip.
—Asà es, en efecto, Sr. Rip; voy allá para unos asuntos que me detendrán algunas horas, y espero estar de vuelta en Montreal esta misma noche.
—Como más os convenga.
—¿Y qué hacéis por aqu� —preguntó el notario—. ¿Vigiláis siempre por cuenta del Gobierno? ¡Cuántos malhechores habréis preso ya! Pero ¡bah! Por más que se encierren muchos, es semilla que se multiplica, como las malas hierbas.
En verdad, mejor serÃa que se hiciesen hombres de bien.
—Tenéis razón, Sr. Nick; pero carecen de vocación para ello.
—¡La vocación! Siempre os gusta bromear, Sr. Rip. ¡Estáis sobre la pista de algún criminal!