Familia sin nombre
Familia sin nombre —Criminal para unos, héroe para los demás, —respondió el agente—. Eso depende del modo de mirar las cosas.
—¿Qué queréis decir?
—Que han notado en la isla la presencia de ese famoso Juan Sin-Nombre…
—¡Ah, ah! SÃ, los patriotas, en efecto, lo califican de héroe, y no sin motivo; mas según parece, Su Graciosa Majestad no es de esa opinión, puesto que el ministro Gilberto Argall os ha encargado de buscarlo.
—Asà es Sr. Nick.
—¿Y decÃs que ese misterioso revolucionario ha sido visto en la isla Montreal?
—Asà lo pretenden, por lo menos, —contestó Rip; pero empiezo a dudar de ello.
—¡Oh! Si es verdad que haya venido, debe haberse ido ya, —replicó el notario—, o no estará mucho tiempo. ¡Juan Sin Nombre no es fácil de prender!
—Es un verdadero fuego fatuo, —dijo el joven viajero dirigiéndose al pasante.
—¡Ah! ¡Bien! ¡Muy bien…! —exclamó el Sr. Nick—. ¡Saluda, Lionel, y da las gracias! A propósito, Sr. Rip, si encontráis, por casualidad, un fuego fatuo en vuestro camino, procurad cogerle para entregárselo a mi pasante, pues esa llama errante tendrá sumo gusto en oÃr cómo la trata un discÃpulo de Apolo.