Familia sin nombre
Familia sin nombre Lionel, acostumbrado a las bromas de su principal, no se conmovió por tan poco, y continuó su lectura:
Seas lo que fueres, relámpago, soplo, alma,
para mejor penetrar tus secretos,
¡oh fuego caprichoso!
yo quisiera poder absorberme en tu llama
para seguirte por do quiera.
Cuando en la copa de los árboles
vienes a posar tu alada frente
o discretamente llamado,
cuando acaricias los mármoles del camposanto…
—¡Triste, muy triste! —murmuró el notario.
O cuando andas por las bordas
del, navÃo batido en el flanco,
por los golpes del tifón silbando,
deslizándote por el velamen,
como una blanca gaviota.
Y la unión serÃa completa
si el destino quisiera un dÃa
que yo pudiera, como me gustarÃa,
¡nacer contigo, loquilla llama,
y morir contigo, fuego fatuo!
—¡Ah, muy bien! —exclamó el Sr. Nick—. He aquà un final que me gusta. Puede cantarse:
Loquilla llama,
fuego fatuo.