Keraban el testarudo
Keraban el testarudo La leyenda representaba la ascensión del profeta al paraÃso, que hasta entonces habÃa permanecido cerrado a los creyentes. Aquel dÃa aparecÃa a caballo sobre el borak, el hipogrifo que le aguardaba a la puerta del templo de Jerusalén; y después, su milagrosa tumba, dejando la tierra, subÃa a través de los cielos y quedaba suspendida entre el cénit y el nadir, en medio de los esplendores del paraÃso del Islam. Todos despertaban entonces para prestar homenaje al Profeta; el perÃodo de la eterna felicidad prometida a los creyentes comenzaba al fin, y Mahoma se elevaba en una apoteosis deslumbrante durante la cual los astros del cielo árabe, bajo la forma de hurÃes innumerables, gravitaban alrededor de la frente deslumbradora de Alá.
En una palabra, aquella fiesta fue como una realización del sueño de uno de los poetas que mejor ha sentido la poesÃa de los paÃses orientales, cuando dijo, a propósito de los éxtasis de los derviches, copiado de sus canciones tan extrañamente rimadas:
«¿Qué veÃan en aquellas visiones que les deslumbraban? ¡Los bosques de esmeraldas con frutos de rubÃes, las montañas de ámbar y mirra, los quioscos de diamantes y las tiendas de perlas del paraÃso de Mahoma!».