La casa de vapor
La casa de vapor «Sin embargo, es preciso salir —se dijo a sà mismo—, y salir esta noche; de lo contrario, estoy perdido».
Retrocedió, siguió el camino de ronda por el interior de las murallas, y doscientos pasos más allá subió por el talud y llegó a la parte superior del parapeto.
Aquel parapeto tenÃa por la parte exterior una altura de cincuenta pies sobre el nivel del foso, abierto entre la escarpa y la contraescarpa. Era un muro acantilado sin puntos salientes, ni asperezas en que pudiera apoyarse el pie; y parecÃa absolutamente imposible que un hombre se atreviera a bajar por aquel sitio. Una cuerda habrÃa permitido, sin duda, intentar el descenso; pero la faja que ceñÃa la cintura del faquir apenas tenÃa algunos pies de extensión y no podÃa bajar con ella al foso.
El faquir se detuvo un instante, dirigió una mirada a su alrededor y reflexionó sobre lo que debÃa hacer. La cresta del parapeto tenÃa enfrente las copas elevadas y oscuras de los grandes árboles que rodean a Aurangabad como un marco vegetal. De aquellas copas salÃan largas ramas flexibles y resistentes que era posible utilizar, aunque con gran riesgo, para llegar al fondo del foso.