La casa de vapor
La casa de vapor No vaciló ni un segundo el faquir para poner en práctica la idea que se le había ocurrido. Se asió a una de las ramas y pronto quedó fuera de la muralla suspendido de una de ellas, que se inclinaba poco a poco bajo su peso.
Los soldados de guardia habían distinguido al fugitivo.
Luego que la rama se hubo encorvado bastante para rozar la parte superior del muro, se fue deslizando lentamente como si hubiera estado sostenido por una cuerda de nudos y pudo bajar hasta la mitad de la altura de la escarpa, pero todavía le separaban unos treinta pies del suelo para poder asegurar su fuga. Estaba, pues, allí, suspendido en el aire por los brazos, tratando de poner el pie en algún sitio del muro que pudiera darle un punto de apoyo, cuando, de improviso, surcaron la oscuridad varios relámpagos y luego estallaron otras tantas detonaciones.
Los soldados de guardia habían distinguido al fugitivo y le habían hecho fuego, aunque sin tocarle. Sin embargo, una bala dio en la rama que le sostenía, a dos pulgadas de su cabeza.
Veinte segundos después la rama se rompía y el faquir caía en el foso… Otro habría muerto del golpe; él se levantó sano y salvo.