La casa de vapor
La casa de vapor Levantarse, subir el talud de la contraescarpa bajo una lluvia de balas que no lograban alcanzarle y desaparecer en la oscuridad fue para el fugitivo obra de un minuto.
Al poco tiempo se hallaba ya a dos millas y pasaba sin ser visto junto al acantonamiento de las tropas inglesas acuarteladas fuera de Aurangabad.
A doscientos pasos de allí se detuvo; volviéndose y mostrando a la ciudad su mano mutilada, pronunció estas palabras:
—¡Desdichados los que caigan otra vez en manos de Dandu-Pant! ¡Ingleses, todavía no habéis concluido con Nana Sahib!
¡Nana Sahib! El nabab acababa de lanzar una vez más, a los conquistadores de la India, aquel nombre de guerra, como un supremo desafío; el nombre más temible de los que la rebelión de 1857 había dado fama sangrienta.