La casa de vapor
La casa de vapor Tal fue la relación del proveedor, y es preciso confesar que a costa de grandes esfuerzos logramos dominar la risa que nos causaban su tono y sus gestos.
—Es decir, señor Van Guitt —le dijo Banks—, que su campamento está situado en esta parte del Tarryani.
—SÃ, señor —respondió Mathias Van Guitt—. Como he tenido el honor de decir a ustedes, mi kraal está a unas dos millas de aquÃ, y si quieren honrarlo con su presencia, tendré una gran satisfacción en conducirles hasta él.
—Ciertamente, señor Van Guitt —contestó el coronel Munro—, iremos a hacer a usted una visita.
—Somos cazadores —añadió el capitán Hod—, y la instalación de un kraal nos interesará.
—¡Cazadores! —exclamó Mathias Van Guitt—. ¿Cazadores?
Y en su fisonomÃa no pudo menos de expresarse que no tenÃa a los hijos de Nemrod sino una estimación muy moderada.
—¿Cazan ustedes las fieras… para matarlas? —preguntó dirigiéndose al capitán.
—Únicamente para matarlas —respondió Hod.
—Y yo únicamente para cogerlas vivas —dijo el proveedor, dando a su voz un tono de superioridad.
—Pues bien, señor Van Guitt, no le haremos a usted competencia —respondió el capitán Hod.