La casa de vapor
La casa de vapor —¡Eh! ¡Eh!, amigo Hod —respondió Banks—, serÃa absolutamente del parecer de usted, si…
—¿Si qué? —preguntó el capitán, levantando la cabeza.
—Si en este vuelo hacia el progreso no se hubiera usted detenido repentinamente en el camino.
—¿Pues qué otra cosa habrÃa que hacer más?
—Usted va a juzgar. Le parece a usted que una casa con ruedas es muy superior al coche del ferrocarril, al coche salón y hasta al coche cama, y tiene usted razón si puede perderse tiempo, si se viaja por placer y no para negocios. En este punto creo que estamos todos de acuerdo.
—Todos —respondà yo.
El coronel Munro hizo una señal de asentimiento con la cabeza.