La casa de vapor
La casa de vapor —Bien dicho —exclamó el capitán Hod—. ¡Viva el caballo de vapor! Ya veo en perspectiva la casa portátil del ingeniero Banks arrastrada por los grandes caminos de la India, penetrando a través de las espesuras, internándose en los bosques, aventurándose hasta los retiros de los leones, de los tigres, de los osos, de las panteras y de los leopardos y nosotros al abrigo de sus paredes matando fieras, hasta el punto de dar envidia a todos los Nemrod, los Anderson, los Gérard, los Pertuiset y los Chassaing del mundo. ¡Ah, Banks! La boca se me hace agua, y siento mucho no poder volver a nacer dentro de cincuenta años.
—¿Por qué, mi capitán?
—Porque dentro de cincuenta años se realizará ese sueño y se hará la casa movida por el vapor.
—Pues ya lo está —respondió sencillamente el ingeniero.
—¿Hecha por usted, tal vez?
—Por mÃ; y a decir verdad no temo más que una cosa, y es que vaya más allá de lo que usted ha soñado.
—En marcha, Banks, en marcha —respondió el capitán Hod levantándose como si hubiera recibido una descarga eléctrica.
Estaba ya a punto de marcha. El ingeniero le calmó con un ademán, y después dijo con voz grave y dirigiéndose a sir Edward: