La casa de vapor

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Kalagani, después de haber reflexionado un instante, aceptó la oferta del ingeniero, y el coronel Munro le expresó la satisfacción que tenía en poderle ser útil en aquella ocasión. El indio, pues, iba a formar parte del personal de la «Casa de Vapor» y podía sernos de gran utilidad por el conocimiento que tema de toda aquella parte de la India.

A la mañana siguiente, levantamos el campamento; no teníamos ningún interés en prolongar nuestra parada: el Gigante de Acero estaba en presión y Banks dio orden a Storr de estar dispuesto para la marcha.

Solo faltaba despedimos de nuestro amigo el proveedor. Esto, por nuestra parte, fue muy sencillo, aunque por la suya fue más teatral.

Las muestras de gratitud de Mathias Van Guitt por el servicio que acababa de hacerle el coronel Munro, tomaron necesariamente una forma exagerada. Desempeñó notablemente aquel último acto de la comedia y estuvo admirable en la gran escena de la despedida.




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