La caza del meteoro
La caza del meteoro —¿ Bruto «Omicron»?
—¡SÃ, bruto; y no me hará él callar..., como tampoco nuestro presidente mismo podrá imponer silencio al arcángel que vendrá de parte del Todopoderoso a anunciar el fin del mundo!
Mr. Dean Forsyth quedó absolutamente trastornado al escuchar esa terrible frase; su laringe se habÃa apretado hasta el punto de no dejar paso a la palabra; su glotis, paralizada, no podÃa emitir un sonido. Aun cuando hubiera querido hablar, despedir a la anciana, pero áspera sirvienta, habrÃale sido imposible pronunciar una sola palabra.
Mitz, por lo demás, no le hubiese obedecido.
Era tiempo, no obstante, que aquella escena acabase. Mr. Dean Forsyth, comprendiendo que quedarÃa derrotado, trataba de batirse en retirada, sin que su movimiento se pareciese demasiado a una fuga.
El sol fue quien vino en su ayuda: aclaróse el tiempo de pronto y un vivo rayo de sol penetró a través de los vidrios de la ventana que daba al jardÃn.
En aquel momento, sin duda alguna, estaba el doctor Hudelson sobre su torrecilla; tal fue el pensamiento que se le ocurrió inmediatamente a Mr. Dean Forsyth. VeÃa él a su rival, aprovechándose de aquel claro, con el ojo en el ocular de su telescopio, y recorriendo con la mirada las altas zonas del espacio sideral.