La caza del meteoro

La caza del meteoro

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Ningún incidente sobrevino durante los primeros días del mes de abril. Sin embargo, si bien la situación no se agravó, tampoco tuvo ninguna mejora. Durante las comidas en casa de Mr. Hudelson no se hacía la más pequeña alusión al meteoro, y Miss Loo, muda por orden de su madre, rabiaba por no poder tratarle como merecía. Con solo ver la manera que tenía de cortar la chuleta, se comprendía que la niña pensaba en el bólido y que habría deseado poderle reducir a tan pequeños trozos que no quedase la más mínima señal de él. En cuanto a Jenny no trataba de disimular su tristeza; tristeza de la que el doctor no quería darse por enterado. Tal vez no la notaba siquiera; tanto le absorbían sus ocupaciones astronómicas.

Francis Gordon, por supuesto, no aparecía durante esas comidas. Lo único que se permitía era su visita diaria cuando el doctor Hudelson estaba en su torrecilla.

En la casa de Elisabeth Street no eran más alegres las comidas. Mr. Dean Forsyth apenas hablaba, y cuando se dirigía a la anciana Mitz, ésta no respondía más que con un sí o un no, tan seco como lo estaba el tiempo a la sazón.

Una sola vez, el 28 de abril, Mr. Dean Forsyth, en el momento de levantarse de la mesa después del almuerzo, dijo a su sobrino:


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