La caza del meteoro
La caza del meteoro Francis Gordon estaba perfectamente decidido a volver a casa de la familia Hudelson, como de costumbre, cosa ésta que no ofrecía la menor duda. Pero ¿y si, a imitación de Mr. Dean Forsyth, le prohibía el doctor la entrada en su casa? ¿No era de temerlo todo de aquellos dos enemigos, cegados por unos celos recíprocos, un odio de descubridores, el peor de todos los odios?
Cuántos esfuerzos tuvo que hacer aquel día Francis Gordon para ocultar su tristeza, al encontrarse en presencia de Mrs. Hudelson y de sus dos hijas! No quería decir nada de la escena en que acababa de intervenir; ¿a qué aumentar las inquietudes de la familia una vez que se hallaba resuelto a no hacer caso de las advertencias de su tío, admitiendo que fuesen mantenidas por su autor?