La caza del meteoro
La caza del meteoro ¿Podía, en efecto, entrar en el espíritu de un ser razonable la idea de que la unión de dos prometidos pudiera ser impedida o retrasada siquiera, a propósito de un bólido? Aun suponiendo que Mr. Dean Forsyth y el doctor Hudelson no quisiesen encontrarse cara a cara durante la ceremonia, nada se habría perdido; se pasarían sin ellos, ya que, después de todo, su presencia no era indispensable. Lo esencial era que no fuese negado su consentimiento..., por el doctor al menos; porque si Francis Gordon no era más que el sobrino de su tío, Jenny era hija de su padre y no podía casarse contra su voluntad. Si después ambos adversarios querían devorarse mutuamente, no por eso habría dejado de realizar su obra matrimonial el reverendo O'Garth en la iglesia de San Andrés.
Como para justificar estos optimistas razonamientos, transcurrieron algunos días sin traer cambio alguno en la situación. El tiempo no dejaba de ser bueno y jamás había estado tan sereno y despejado el cielo de Whaston. Salvo algunas brumas matinales y vespertinas que se disipaban al salir y al ponerse el sol, ni un vapor turbaba la pureza y serenidad de la atmósfera, en medio de la cual realizaba el bólido su curso regular.