La caza del meteoro
La caza del meteoro ¡Era de oro...! ¡De oro!
El primer sentimiento fue de incredulidad. Para los unos era un error que no tardarÃa en ser conocido; para los otros, una gran mixtificación imaginada por los bromistas de talento.
Si asà fuera, no habÃa duda de que el observatorio de ParÃs se apresurarÃa a desmentir la nota que se le habÃa atribuido falsamente.
Digámoslo en seguida; ese mentÃs no debÃa ser dado. Al contrario, los astrónomos de todos los paÃses, repitiendo las experiencias de sus colegas franceses, confirmaron la unanimidad de sus conclusiones. Forzoso hubo de ser, por consiguiente, considerar el extraño fenómeno como un hecho cierto y averiguado.
Aquello fue entonces una locura.