La caza del meteoro
La caza del meteoro Una revista cientÃfica tiene el derecho de ser más técnica que un gran diario; y asÃ, en aquélla aparecÃan todos los elementos del bólido; trayectoria, velocidad, volumen, masa, naturaleza; con todos los pormenores y el tecnicismo cientÃfico correspondiente.
Zephyrin Xirdal se asimiló sin esfuerzo aquel alimento intelectual de naturaleza, sin embargo, bastante indigesta, tras lo cual lanzó una mirada sobre el cielo, comprobando que ninguna nube manchaba su azul.
—Vamos, pues, nosotros a verlo... —murmuró, sin dejar de efectuar con una mano impaciente rápidos cálculos.
Hecho esto, introdujo su brazo bajo un montón de papeles acumulados en uno de los rincones, y con un movimiento al que sólo una larga práctica podÃa dar tan gran precisión, envió el montón a otro rincón.
—¡Es admirable el orden que tengo! —dijo con evidente satisfacción al ver que, conforme a sus previsiones, quedaba al descubierto un anteojo astronómico, tan cubierto de polvo como una botella centenaria.
Conducir el anteojo ante la ventana, dirigirle hacia el punto del cielo que acababa de determinar por el cálculo, aplicar su ojo al ocular, todo eso no necesitó sino un instante.
—Perfectamente exacto —dijo, tras algunos minutos de observación.