La caza del meteoro
La caza del meteoro Al mismo tiempo que Francis, todo Whaston, y al mismo tiempo que Whaston, todo el mundo, conocieron la sorprendente nueva dada al público por los astrónomos de Elisabeth Street y de Moriss Street, que fue asunto de los más apasionados comentarios en ambos hemisferios.
Mr. Dean Forsyth y el doctor Sydney Hudelson comenzaban por exponer que sus continuas observaciones les habían permitido notar una incontestable perturbación en la marcha del bólido. Su órbita, hasta entonces exactamente Norte-Sur, había ahora derivado ligeramente hacia Nordeste-Sudoeste. Por otra parte una modificación mucho más importante había sido comprobada en lo relativo a su distancia de la Tierra, distancia que, ligera, pero incontestablemente, se había reducido, sin que se aumentase la velocidad de traslación. De esas observaciones, y de los cálculos que habían sido su consecuencia, inferían ambos astrónomos que el meteoro, en lugar de seguir una órbita eterna, caería forzosamente sobre la Tierra, en un punto y una fecha, que al presente era ya posible precisar.
Si hasta aquí se hallaban de acuerdo Mr. Forsyth y el doctor Hudelson, dejaban de estarlo en lo demás. Mientras que las sabias ecuaciones del uno le llevaban a predecir que el bólido caería el 28 de junio en la extremidad Sur del Japón, las ecuaciones igualmente sabias del otro le obligaban a afirmar que esta caída se produciría el 7 de julio en un punto de la Patagonia.