La caza del meteoro
La caza del meteoro ¡Cuántos suspiros exhaló Francis al estrechar las manos de Mrs. Hudelson y de sus amables hijas! ¡Qué estallidos de cólera se permitió la inquieta Loo! ¡Cuántas lágrimas vertió la encantadora Jenny, lágrimas que ni su madre, ni su hermana, ni su novio, pudieron secar, ni aun habiéndole este último jurado eterna fidelidad y esperar hasta que se gastase el último céntimo de aquellos millones por el propietario definitivo del fabuloso meteoro; juramento imprudente que, según todas las apariencias, le condenaba a un celibato eterno!