La caza del meteoro
La caza del meteoro —Pero no nos amamos.
—Perfectamente; exacto.
—Nos casamos sin conocernos y hemos tenido algunas desilusiones recÃprocas... ¡Ah, si nosotros nos hubiésemos prestado algún señalado servicio capaz de herir nuestra imaginación, tal vez las cosas no serÃan lo que actualmente son!
—Desgraciadamente, no ha sucedido asÃ. Usted no ha tenido que sacrificar su fortuna para evitar la ruina.
—Lo habrÃa hecho, Mr. Stanfort. Por su parte, no le ha sido dado el salvarme la vida con riesgo de la suya propia.
—En lo que no habrÃa vacilado un punto, Mrs. Arcadia.
—Estoy convencida de ello, pero no se ha presentado la ocasión.
—Extraños éramos el uno para el otro y extraños hemos continuado siendo.
—Deplorablemente exacto.
—HabÃamos creÃdo tener los mismos gustos, en lo que concierne a los viajes, por lo menos...
—Y jamás hemos podido ponernos de acuerdo acerca de la dirección que deberÃamos tomar.
—En efecto; cuando yo deseaba que nos dirigiésemos hacia el Sur, el deseo de usted era que nos dirigiésemos hacia el Norte.