La caza del meteoro
La caza del meteoro Cuando todo el mundo estuvo fuera, la muchedumbre se dividió en dos grupos, a los que se unieron los curiosos que no habían podido encontrar sitio en la sala de audiencia.
Aquello fue un verdadero tumulto; gritos, provocaciones y amenazas enconadas de una y otra parte. Y no habrían estado lejos, sin género alguno de duda, las vías de hecho, porque era bien claro que los partidarios de Mr. Dean Forsyth querían nada menos que linchar a Mr. Hudelson; y los partidarios de éste estaban ansiosos de linchar a Mr. Dean Forsyth, lo cual hubiera sido indudablemente una manera ultraamericana de terminar de una vez el enojoso asunto...
Mas, por fortuna, las autoridades habían tomado sus precauciones. Numerosos policías intervinieron, con tanta resolución como oportunidad, y separaron a los combatientes.
Apenas fueron separados unos de otros los adversarios, cuando su cólera, un poco superficial, desapareció.
Como necesitaban, sin embargo, un pretexto para hacer el mayor estrépito posible, si cesaron sus gritos contra el jefe del partido que no contaba con sus preferencias, continuaron lanzándolos en honor de aquel cuya bandera habían adoptado y hecho suya.
—¡Hurra por Dean Forsyth!
—¡Hurra por Hudelson!