La caza del meteoro
La caza del meteoro Cogió Mr. Proth los papeles, los examinó, asegurándole de que estaban en debida forma, y se limitó a responder:
—Y he aquí el acta de divorcio impresa; no hay que hacer otra cosa que inscribir los nombres y firmar. Pero no sé si podremos nosotros aquí...
—Permítame proponerle esta estilográfica perfeccionada —intervino Mr. Stanfort, tendiendo el instrumento al juez.
—Y este cartón, que hará perfectamente oficio de carpeta —agregó Mrs. Stanfort, cogiendo aquél de manos de su doncella.
—Tienen ustedes respuesta para todo —dijo el juez, que comenzó a llenar los huecos del acta impresa.
Terminado este trabajo, presentó la pluma a Mrs. Stanfort.
Sin una sola observación, sin que la más ligera vacilación hiciera temblar su mano, Mrs. Stanfort firmó con su nombre; Arcadia Walker.
Con la misma sangre fría, Mr. Stanfort firmó después que ella.
Luego, lo mismo que dos meses antes, presentando cada uno de ellos un billete de quinientos dólares:
—Como honorarios —dijo de nuevo Mr. Stanfort.
—Para los pobres —replicó Mrs. Arcadia Walker.