La caza del meteoro
La caza del meteoro —En eso te equivocas, mi querido amigo, toda vez que en ese momento las acciones de minas estarán más baratas.
—¿Y por qué estarán más baratas?
—Pues sencillamente porque el bólido pondrá en circulación más oro del que la Tierra contiene actualmente. ¿Comprendes ahora?
—Sà —dijo Zephyrin, no muy convencido.
—Pues bien; las perturbaciones observadas en la marcha del bólido provocaron una primera baja de veinticinco por ciento sobre las minas. Persuadido yo de que esa baja aumentarÃa, he vendido en considerables proporciones.
—Es decir...
—Es decir, que he vendido una considerable cantidad dé minas de oro.
—¿Siempre sin tenerlas, por supuesto?
—Claro es... ImagÃnate, pues, mis angustias al ver lo que pasa; desaparecido tú; el bólido detenido en su caÃda... Resultado; las minas han vuelto a subir y pierdo sumas enormes... ¿Qué quieres tú que piense de todo esto?
Zephyrin Xirdal observaba a su padrino con curiosidad. Jamás habÃa visto a aquel hombre, tan frÃo de ordinario, agitado con una emoción semejante.