La caza del meteoro
La caza del meteoro SerÃa realmente un espectáculo maravilloso. Mr. Forsyth, de una parte; el doctor Hudelson, de otra, y en contra de ellos todo el resto del mundo; he ahÃ, un proceso verdaderamente grandioso..., si se llegaba, no obstante, a encontrar el tribunal competente.
En espera de ello, los dos antiguos amigos, transformados en encarnizados adversarios, no salÃan ya de sus casas respectivas, pasando su vida solitarios sobre la plataforma de la torre o de la torrecilla.
Francis Gordon, retenido por mil recuerdos de la infancia, no habÃa abandonado la casa de Elisabeth Street, pero no dirigÃa la palabra a su tÃo. Se almorzaba y se comÃa sin pronunciar una palabra. Como la propia Mitz no daba curso a su pintoresca elocuencia, la casa permanecÃa silenciosa y triste, como un convento.
No eran más agradables las relaciones familiares en casa del doctor Hudelson. Loo estaba enfurruñada constantemente, a pesar de las suplicantes miradas de su padre; Jenny lloraba sin consuelo, a pesar de las exhortaciones de su madre. Por lo que hace a ésta, no hacÃa más que suspirar, esperando del tiempo un remedio a aquella situación, que tenÃa tanto de ridÃcula como de odiosa.