La caza del meteoro

La caza del meteoro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En la mañana del siguiente día iba, en efecto, a producirse un acontecimiento propio para desacreditar los trabajos de la Conferencia Internacional y a comprometer de una manera definitiva su resultado. Si había sido posible, mientras se estaba en la ignorancia acerca del lugar en que caería el bólido, el discutir todos los modos posibles de repartición, ¿podría continuarse esta discusión cuando dicha ignorancia hubiese tenido fin y término definitivo? ¿Era posible pedir la repartición, después de celebrarse la lotería, al agraciado con el premio gordo? . Una cosa era cierta, en todo caso, y es que semejante repartición no podría ya hacerse amistosamente; jamás consentiría de buen grado en ello el país que hubiese sido favorecido por la suerte.

Nunca, en lo sucesivo, se vería tomar parte en las sesiones y participar de los trabajos de la Conferencia Internacional a Mr. Schnack, delegado de Groenlandia, el afortunado a quien en su nota cotidiana J. B. K. Lowenthal atribuía aquella mañana los millones errantes.

Desde hace unos diez días —escribía el sabio director del observatorio de Boston— hemos hablado en muchas ocasiones de un cambio importante sobrevenido en la marcha del bólido. Sobre ello discutiremos hoy con mayor precisión, habiéndonos convencido el tiempo transcurrido del carácter definitivo de ese cambio, y permitiéndonos actualmente él cálculo determinar sus consecuencias.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker