La caza del meteoro
La caza del meteoro Mr. John Proth cogió los papeles y, haciendo cabalgar sobre su nariz los lentes con montura de oro, leyó atentamente aquellos documentos, legalizados con toda regularidad y cubiertos con el timbre oficial.
—Los papeles —dijo— se hallan en perfecto orden y estoy dispuesto a certificar el matrimonio.
Nada tiene de extraño que los curiosos, cuyo número habÃa aumentado considerablemente, rodeasen a la pareja, como otros tantos testigos de una unión celebrada en condiciones que parecÃan un tanto extraordinarias en cualquier otro paÃs; pero la cosa no era para apurar ni para desagradar a los dos novios.
Subió entonces Mr. John Proth los primeros peldaños de la escalinata y, con una voz que se dejó oÃr de todos, habló asÃ:
—Mr. Seth Stanfort. ¿consiente usted en tomar por esposa a Miss Arcadia Walker?
—SÃ.
—Miss Arcadia Walker, ¿consiente usted en tomar por marido a Mr. Seth Stanfort?
—SÃ.
Recogióse el magistrado durante algunos segundos y, serio como un fotógrafo en el momento del sacramental «no os mováis», declaró:
—En nombre de la ley, Mr. Seth Stanfort, de Boston, y Miss Arcadia Walker, de Trenton, yo les declaro unidos por el matrimonio.