La caza del meteoro
La caza del meteoro —Pues abandonaremos Whaston tan pronto yo sea Mrs. Stanfort —declaró Miss Arcadia Walker.
Mr. John Proth indicó, con su actitud, cuánto lamentaba él, y con él toda la ciudad, el no poder conservar más tiempo dentro de los muros de Whaston aquella encantadora pareja, que en tal momento honraba con su presencia la ciudad. Luego añadió:
—Estoy por completó a sus órdenes. —Y retrocedió algunos pasos para dejar libre la entrada.
Pero Mr. Seth Stanfort le detuvo con un gesto.
—¿Es preciso —preguntó— que Miss Arcadia y yo bajemos del caballo?
Mr. John Proth reflexionó un instante.
—En manera alguna —afirmó, por fin—; puede uno casarse a caballo lo mismo que a pie.
Difícil habría sido encontrar un magistrado más acomodaticio, aun en ese original país de América.
—Una sola pregunta —dijo Mr. John Proth—; ¿están llenadas todas las formalidades impuestas por la ley?
—Lo están —contestó Seth Stanfort.
Y tendió al juez un doble permiso en debida forma, que había sido redactado por los escribanos de Boston y de Trenton después del abono de los derechos de licencia.