La caza del meteoro
La caza del meteoro Aun cuando la travesía no había sido mala, la mayor parte de los pasajeros habían sufrido el mareo, y cinco o seis de ellos juzgaron que esto era suficiente, y renunciando a proseguir el viaje, desembarcaron en Boston. Dicho se está que entre esos pasajeros no se contaban ni Mr. Dean Forsyth ni el doctor Hudelson.
El desembarque de esos pasajeros dejó libres algunos camarotes del Mozik; y no faltaron aficionados que se aprovecharon de ello para embarcarse en Boston.
Entre éstos habría podido notarse un caballero, de elegante aspecto, que se había presentado de los primeros para asegurarse uno de los camarotes vacantes.
Este caballero no era otro que Mr. Seth Stanfort, el esposo y divorciado después, en las condiciones que ya sabemos, por Mr. John Proth, el juez de Whaston.
Después de la separación, que se remontaba ya a más de dos meses, Mr. Seth Stanfort había vuelto a Boston. Poseído siempre del gusto de los viajes, y obligándole la nota de J. B. K. Lowenthal a renunciar al del Japón, había visitado las principales ciudades del Canadá.
¿Trataba de olvidar a su antigua esposa? Parece esto poco probable; habíanse separado los dos esposos por gusto de ambos; tal Vez no se volviesen a ver, y si se veían de nuevo, acaso no se reconocieran.