La caza del meteoro
La caza del meteoro —No, tranquilÃcese usted; aún no ha caÃdo, pero no puede tardar ya mucho en caer.
—Me alegro; asà podré hallarme presente a su caÃda —dijo Mrs. Arcadia con viva satisfacción.
—Como me hallaré yo por mi parte —respondió Mr. Seth Stanfort.
Eran decididamente dos personas distinguidas, muy distinguidas y de mundo, por no decir dos antiguos y sinceros amigos, a quienes un semejante sentimiento de curiosidad reunÃa sobre aquella playa de Upernivik.
¿Por qué, después de todo, habÃa de ser de otro modo? Cierto, sÃ, que Mrs. Arcadia Walker no habÃa encontrado en Mr. Seth Stanfort su ideal; pero muy bien podÃa suceder que este ideal no existiese, ya que ella no le habÃa hallado en ninguna parte.
Hecha la experiencia con toda lealtad, habÃa comprobado que el matrimonio no era de su conveniencia, como tampoco lo habÃa sido de la de Mr. Stanfort; pero al paso que ella experimentaba mucha simpatÃa respecto de un hombre que habÃa tenido la delicadeza de renunciar a ser un marido, éste conservaba de su ex mujer el recuerdo de una persona inteligente, original, que habÃa llegado a ser absolutamente perfecta al dejar de ser su mujer.