La caza del meteoro
La caza del meteoro —Pues es preciso hacer algo... Es menester que nos saques de este callejón sin salida.
Zephyrin Xirdal reflexionó un momento.
—Lo primero que hay que hacer —dijo por fin— es cercar el terreno que nos corresponde fuera de la parte de mar y constituir en él una barraca suficiente para alojarnos.
Monsieur Lecoeur púsose a la obra.
En ocho dÃas los marineros del Atlantic, ayudados por algunos naturales, a quienes habÃa atraÃdo lo elevado de la paga, alzaron una cerca de madera y alambre, cuyas dos extremidades terminaban en el mar, y construyeron una cabaña, que fue amueblada con los objetos más indispensables.
El 26 de julio, tres semanas antes del dÃa en que debÃa tener efecto la caÃda del bólido, Zephyrin Xirdal se puso a la tarea.
Luego de haber tomado algunas observaciones del meteoro en las altas zonas de la atmósfera, se sumió en las zonas de las matemáticas. Sus nuevos cálculos vinieron a demostrar la perfección de sus cálculos anteriores; ningún error se habÃa cometido, ni se habÃa producido ninguna desviación. El bólido irÃa a caer en el sitio previsto.
—En el mar, por lo tanto —dijo Monsieur Lecoeur, disimulando apenas su furor.