La caza del meteoro
La caza del meteoro SÃ, esperar; pero ¿cuánto tiempo? ¿No resistirÃa el bólido un mes, dos meses al enfriamiento? Semejantes masas metálicas con una temperatura tan elevada pueden permanecer ardiendo mucho tiempo. Ya se ha visto eso con meteoritos muchÃsimo más pequeños que el que tenÃan ante su vista.
Pasaron tres horas y nadie pensaba abandonar el sitio.
—Mr. Stanfort —dijo Mrs. Arcadia Walker—, ¿cree usted que bastarán algunas horas para enfriar ese bloque incandescente?
—Ni algunas horas ni algunos dÃas, Mrs. Walker.
—Voy, pues, a volver a bordo del Oregón.
—Tiene usted razón, y, por mi parte, me dirigiré al Mozik; creo que ha sonado la hora de almorzar.
Era éste el partido más prudente; pero a Jenny y Francis Gordon hubo de serles totalmente imposible hacérselo tomar a los señores Forsyth y Hudelson.
En vano fue que la muchedumbre desfilara poco a poco; en vano Mr. Schnack se decidió, el último, a regresar a Upernivik; los dos manÃacos se empeñaron en quedarse solos frente a su meteoro.
—En fin, papá, ¿viene usted? —preguntó por décima vez Jenny Hudelson, hacia las dos de la tarde.