La caza del meteoro
La caza del meteoro La escena habrÃa tenido un funesto desenlace, si Jenny y Francis Gordon no se hubieran lanzado entre los combatientes, que con los puños en alto se dirigÃan miradas retadoras.
—¡TÃo! —gritaba Francis, sujetando a su tÃo con mano vigorosa.
—¡Papá! ¡Papá! ¡Por Dios...! —imploraba Jenny, derramando abundantes lágrimas.
—¿Quiénes son esos dos energúmenos? —preguntó a Seth Stanfort, a cuyo lado se encontraba por casualidad Zephyrin Xirdal, quien a alguna distancia asistÃa a aquella escena tragicómica.
—No habrá usted dejado de oÃr hablar de Dean Forsyth y del doctor Sydney Hudelson.
—¿Los dos astrónomos de Whaston?
—Los mismos.
—¿Los que descubrieron el bólido?
—Efectivamente.
—¿Por qué disputan de esa manera?
—Porque no pueden ponerse de acuerdo acerca de la prioridad del descubrimiento.
Zephyrin Xirdal alzó desdeñósamente los hombros.
—¡Vaya una tonterÃa!
—Y uno y otro reclaman la propiedad del bólido —repuso Seth Stanfort.