La caza del meteoro
La caza del meteoro —¿So pretexto de que lo vieron por casualidad en el cielo?
—Asà es.
—Se necesita tener tupé... Pero, ¿qué hacen ahà ese joven y esa muchacha?
Mr. Seth Stanfort expuso con suma complacencia la situación. Refirió por qué concurso de circunstancias los dos prometidos habÃan tenido que renunciar a su proyectada unión.
Cuando Seth Stanfort hubo dado fin a su relato, Zephyrin Xirdal, sin pensar en darle las gracias, lanzó un resonante: «Esta vez es demasiado fuerte», y se alejó a grandes pasos.
Estaba verdaderamente fuera de sÃ; con mano brutal abrió la puerta de su cabaña.
—¡TÃo! —dijo a Monsieur Lecoeur, a quien este virulento apostrofe hizo dar un salto—. Declaro que esto es demasiado fastidioso.
—¿Qué sucede ahora? —preguntó el banquero.
—¡El bólido, caramba; siempre el maldito bólido!
—¿Qué te ha hecho el bólido?
—Lleva trazas de devastar la Tierra; asÃ, tranquilamente. No contento con transformar a todas esas gentes en ladrones, va a sembrar la guerra y la discordia por todo el mundo... Y no es eso todo; se permite ya separar a los novios.