La caza del meteoro
La caza del meteoro —¡Derechos! —gritó en tal momento un segundo interruptor—. Entonces, ¿qué diré yo de los mÃos...? ¿No he sido, por ventura, yo, yo, el doctor Sydney Hudelson, el primero en señalar el meteoro a la atención del Universo?
—¡Usted! —protestó Mr. Dean Forsyth, volviéndose rápidamente, como si le hubiese picado una vÃbora.
—Yo.
—¡Un medicastro de arrabal pretender haber realizado semejante descubrimiento...!
—¡Lo mismo que un ignorante de su especie!
—¡Un charlatán, que ni siquiera sabe por qué lado se mira en un anteojo!
—¡Un farsante, que jamás ha visto un telescopio!
—¡Ignorante yo...!
—¡Yo un medicastro...!
—¡De tal modo ignorante, que no sé desenmascarar a un cÃnico impostor!
—¡Tan medicastro, que no encuentro el medio de confundir a un ladrón!
—¡Esto es demasiado! —gritó, iracundo, Mr. Dean Forsyth, echando espumarajos de rabia—. ¡En guardia, caballero!