La caza del meteoro
La caza del meteoro Siendo él el único en conocer durante cinco días semejante secreto, facilísimo le era sacar de él gran partido. Bastábale para esto el expedir, por medio del Atlantic, un nuevo telegrama, en el cual, después de descifrado, se leería lo siguiente en la calle Druot: «Acontecimiento sensacional inminente. Compren minas en cantidad ilimitada.»
Esa orden sería fácilmente ejecutada.
Seguramente que la caía del bólido era conocida a aquella hora, y las acciones de minas de oro debían estar casi regaladas.
Digamos, desde luego, que Monsieur Lecoeur había tenido un buen golpe de vista. El telegrama había sido llevado a la calle Druot, y en la Bolsa del mismo día se cumplieron puntualmente sus instrucciones, comprando todas las minas de oro que se ofrecieron, haciendo lo mismo al día siguiente, llegando de esta forma hasta poseer la mitad del total de la producción aurífera del Globo.
Mientras estos acontecimientos tenían lugar en París, Zephyrin Xirdal utilizaba, para modificar su máquina, los accesorios de que había tenido cuidado de proveerse a su salida.
En la fecha indicada, el 3 de setiembre, todo se hallaba terminado y Zephyrin Xirdal se disponía a la acción.